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26 de septiembre de 2010

Algunos días me siento, mirando fijamente por la ventana, viendo como el mundo pasa a mi alrededor. A veces pienso que no hay nada por lo que vivir, y por eso me enfado y lloro.

Pero entonces, les veo a ellos y miro sus ojos, y me hacen verlo todo de otra manera.

Aveces parece que el mundo está sobre mis hombros. Nadie me puede separar de ellos.

Recordáis cuando dije: ¿Si alguna vez necesitas algo, yo estaré allí?
Bien, yo estoy aquí y no iré a ninguna parte.

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